David
Estos dias de lluvia son los peores para David. A el le gusta estar en la calle, sentado en su silla en la puerta de la tienda.
Eso es fantástico. Hace ya un par de años que se hace el sordo y el mudo. A esta edad es muy interesante. Por un lado se entera de todo lo que se habla en el pueblo, que aunque está pegado casi a la capital sigue siendo un pueblo, y que las comadres chismorrotean sin descanso y sin vergüenza porque, al fin y al cabo, se puede decir delante de David porque está más sordo que una tapia. Y él sonríe para sus adentros.
Como si no hubiera podido oír que Martita la hija del ferroviario es muy ligera de cascos y su padre está en la “inopia” sin enterarse de nada. Porque, aunque su madre lo sabe, no puede decir nada.
