Index Biblioteca Lectura


Mi calle de Jesús
Francisco Oltra

la faena del matalafer fer i desfer

Terrible problema.

Terrible problema.

No recuerdo el porque, pero la madastra de mi madre y sus hermanos, estaba pasando unos días en casa de mi tia Isabelita. Y ya también.

Ya siempre me he llevado muy bién con mi abuelastra. Mucho mejor que con mi abuelo al que me daba terror ir a visitarlo.

Hay dos anécdotas que se me han quedado grabadas a pesar de ser yo muy, muy, pequeño.

Mi madre me había comprado una caja de lápices de colores. Yo estaba entusiasmado. Tenía uno rojo, verde, azul, amarillo, blanco y negro. La cajita no podía ser mas pequeña, pero a mi me hacía mucha ilusión.

Llegamos a casa de mi abuelo y una de las cosas que había que hacer era estarse totalmente quieto. Para un niño pequeño esto es arto complicado.

Yo estaba sentado en una sillita, sin moverme, pero al cabo de un rato, la pierna derecha ya no aguantaba mas y empezó a golpear rítmicamente en el suelo presa ya de unos nervios difíciles de controlar.

No se si fue antes empezar a mover la pierna o mi abuelo decir...

-¡Ise xiquet, collons, la cameta, com m'esta ficant la cameta!-(¡Ese niño, cojones, la piernecita, como me está ponendo la piernecita!).

Y Paquito inmediatamente tenía que dejar de mover la pierna. Supongo que mi abuelo Casimiro no me quería en lo mas mínimo, pues tan poca cosa no es posible que por raro que se sea, no se comprenda que un niño no puede permanecer estático.

Pero esto no fué todo. Mi abuelo se fijó en la cajita de colorines que me había comprado mi madre.

-Fina - le dijo a mi madre - donam el negre perque me ve molt ve per a escriure. (Fina, dame el negro porque me viene muy bién para escribir).

Y mi madre, a la que jamás he oído hablar mal de su padre, me quitó de mi cajita de colorines el negro, con el consiguiente disgusto mío ya que me había dejado la caja estropeada. Nunca he llegado a comprender muchas cosas que en su momento ha hecho la vena Mollá, de la familia.

Pero regresemos a casa de mi tía.

Esa tarde llegaba yo con unas ganas terribles de orinar. Subí escapado la escalera y en cuanto me abrieron la puerta me fui derecho al lavabo. Me bajo la bragueta y empiezo a buscar el instrumento que necesitaba urgentemente para dar salida a mi problema. ¡Pero no estaba!, ¡No podía encontrar por ningún lado la abertura que me hubiera llevado a encontrar el final de mis problemas!. ¿Que podía haber pasado?.

Tiré de los pantalones hacia bajo y di salida a mi urgente problema. Pero...¿que había pasado?, ¿que problema tenían mis calzoncillos que no permitían el acceso al pequeño, pero imprescindible, apendice?. ¡No tenía abertura de bragueta!. Fui a contárselo a mi tía que, extrañada, no sabía que decirme. ¡Pero la abuela si!.

-Pues verás Paquito, es que cuando yo he plegado la ropa, he visto un agujero en el calzoncillo y como los de tu abuelo no llevaban, he supuesto que era un roto y lo he cosido.

-¡Corcholis abuela!, ¡un poco mas y haces que me mee encima!.

Francisco Oltra Mollá

Capítulo 32 Capítulo 34



Comarca Rural Futuro imperfecto Nostra Taula