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Mi calle de Jesús
Francisco Oltra

Desfile de basureros

Servicio a domicilio

Servicio a domicilio

No pensemos que el servicio a domicilio es una cosa actual. En mi calle Jesús habían muchos servicios a domicilio.

Estaba el proveedor de hierba para los conejos. Mucha gente tenía jaulas en las galerías con conejos para poder comer carne más a menudo, pero entonces no existía el pienso y una vez al día pasaba un carro con unas "garvas" (haces) de hierba para los criadores de conejos.

También estaba el basurero. Normalmente era un agricultor que empleaba la basura como abono. No solo no pagábamos este servicio sino que nos hacía un regalo por navidad a cambio de darle la basura.

Y no podemos olvidar al "botifarrero". Teníamos la carnicera bajo de casa pero, parece ser, que las "botifarras" de este hombre tenían algo especial. Mi madre sabía que venía desde que entraba en la calle...

-Ya está en la calle el botifarrero.

-¡Pero!...¿cómo lo sabes, mamá?.

-¿Es que tu no hueles las morcillas y las longanizas?.

-Yo no huelo nada, pero tu pareces un perro pachón mamá.

Y al cabo de un rato ya oíamos el golpeteo del llamador en la puerta del patio. Una mano de hierro que sostenía una bola y que golpeaba contra una plancha también de hierro puesta en la puerta.

Un golpe, la puerta 1, un golpe y repique, la dos, dos golpes la tres y nosotros, dos golpes y repique.

-¡Señora Fina, bon día!, ¿qué vol hui?.

Y mi madre le pedía las morcillas para el arroz al horno o algunas longanizas para un bocadillo.

Y también había otro proveedor domiciliario muy importante.

Con algunos ahorros y la ayuda monetaria de mi tía Isabelita compramos una nevera. De alta tendría más o menos medio metro, la teníamos en la puerta de la cocina y... tenia hasta un grifito para tener siempre agua fría. Y lo más extraordinario, funcionaba sin enchufarla a la electricidad por una razón muy simple, cada día comprábamos un pedazo de barra de hielo que metíamos en nuestra supernevera.

Pasaba cada día, el proveedor, con su carro y las barras de hielo tapadas con sacos para evitar que se derritieran. Pedías lo que querías, una barra, media, un cuarto, y el buen hombre cortaba con una enorme cuchilla la barra, se ponía un saco en el hombro y encima la barra y te la dejaba en casa.

¡Eso si que era un servicio a domicilio que nos dejaba helados!.

Francisco Oltra Mollá

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