




La droguería.
Enfrente de mi casa había un solar vallado que por la derecha daba a la entrada de la estacioneta de Jesús y por la izquierda a una droguería que atendían dos hermanas y sus padres.
En el solar, destacaba desde mi balcón, un enorme hueco al medio. Decían que era la entrada a una cueva realizada para escapar de los bombas en la guerra. Es posible. Yo nunca tuve curiosidad y no me acerqué a el saltando la valla.
En la droguería comprábamos de todo, desde un lápiz a una colonia y una cosa muy curiosa que hoy en día parece impensable. ¡Nos rellenaban los bolígrafos!
Cuando veo las decenas de bolígrafos que prácticamente tiramos y que tenemos repartidos por todas las casas, a mi también me parece mentira que entonces pasáramos con un bolígrafo tipo Bic, todos los cursos del colegio.
El bolígrafo funcionaba bien en sus tres cuartas partes, después empezaba a fallar. Había llegado el momento de darle calor a la punta con el aliento. Y de esta forma curiosa, llegábamos hasta prácticamente terminarlo. Pero cuando quedaba un dedito de tinta había que recargarlo y entonces había que ir a la droguería.
Llegaba a ella y Natín la muchacha que atendía cogía el bolígrafo, introducía un alambre fino y hacía saltar la bolita de la punta. Después, con una especie de jeringuilla tomaba la tinta de una botella, la metía en el depósito del bolígrafo y la bolita la metía haciendo presión con la punta del bolígrafo, sobre el mostrador. ¡Y ya tenía mi bolígrafo a punto para hacer los deberes!..que dicho sea de paso, no he hecho nunca.
Pero había momentos en que el bolígrafo ya no quería trabajar más y en estos momentos teníamos que recurrir a la técnica del soplido, que consistía en soplar con todas nuestras fuerzas por la parte de atrás del bolígrafo con el fin de que no quedara ninguna bolsa de aire dentro del tubito de la tinta.
Una vez, soplé con todas mis fuerzas pero al quedarme sin aire pasé a aspirar sin quitármelo de la boca y se me llenó la boca de tinta. El cachondeo fue mayúsculo y las gracias, diciéndome los compañeros el tiempo que tardaría en morir envenenado, también.
A las puertas de la droguería había un solar y en el unas piedras por las que los niños se deslizaban como si fuera un tobogán. En ellas estaba mi hermana Carmen cuando mi padre se alejaba en el tranvía con la idea de pasar a Francia y rehacer nuestras vidas pero quedó truncado por su muerte en los Montes Padros, en Santa María de Marles...causa de la muerte "hemorragia interna" ... y externa, porque las balas no solo destrozan el interior, destrozan el exterior y el alma.
¡Vesten a casa Carmen que quand vinga ja t'eu vaig a dir!, ¿No veus que estas trencan-te tota la roba! (1) -y mi hermana sigue todavía esperando que regrese mi padre y la riña por romperse la ropa tirándose por el tobogán de piedra.
(1) ¡Vete a casa Carmen que cuando regrese ya te lo diré!, ¿No ves que te estás rompiendo toda la ropa?
Francisco Oltra Mollá
El futuro imperfecto 2: Tres historias.
...de un futuro más que probable. Tres épocas de ese futuro que nos espera y que pensamos que ya es imposible el poder cambiar. Un futuro cercano en el que todavía puede quedar algo que destruir, un futuro siguiente en el que los bionicos ya nos habrán superado y otro en el que, quizás, la tierra no sea este planeta.
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