La puerta
Todo es peligroso. Pero de no ser así, no valdría la pena vivir. (Oscar Wilde)

Prólogo
No vamos a añadir ni un ápice. Tal cómo tenemos el documento vamos a contarlo.
Nos llegó a través de un conocido al que se lo había facilitado el autor.
Solo comentaremos que la persona que lo escribió es un conocido psicólogo: ni que decir tiene que no diremos ni el nombre del médico, ni de los pacientes ni tan siquiera de la institución. Baste con conocer que es un conocido hospital especializado en casos de geriatría. Se encuentra en el norte de Italia en un precioso valle.
Así pues, comenzamos a transcribir las notas manuscritas por este médico italiano al que llamaremos Luciano.
La cosa sucedió hace apenas cinco años. Voy a relatar algo que, en principio, escribo solamente para mí antes de que se me olviden algunos detalles que considero de importancia. Nunca lo haré público directamente, puesto que los que lo leyeran pensarían que me había vuelto loco o que habíamos padecido histeria colectiva.
Me llamaron un día de mayo de 2009. Estaban teniendo muchos problemas con un paciente que nunca había dado ninguno. Era pacífico, lo único que tenía muy mal eran las piernas y, de una operación de garganta, tenía una traqueotomía que hacía muy dificultosa su comunicación.
Por lo demás, tenia una vista excelente y a sus 89 años era un lector incansable. Unos de sus autores favoritos eran Michael Crichton y Stephen King.
Me dijeron que, hacía un par de semanas, decía oír por las noches que algo arañaba en su pared. Llegó a tener ataques de histeria.
Al principio no le hicieron caso, pero cuando la cosa fue a más, le pusieron un timbre para que llamara cuando escuchara los ruidos. No se hizo esperar y la misma noche sonó el timbre. Subió rápidamente a su habitación la persona que tenían de guardia esa noche. En el parte que nos pasó figuraba lo siguiente.
“Esta noche he comprobado la llamada del paciente de la habitación 322. Me indicó que estaba escuchando unos arañazos en la pared derecha de su habitación. Efectivamente, en el silencio de la noche se escuchaba algo proveniente del cuarto al lado derecho del suyo. Este cuarto, cómo saben, es un pequeño salón con una terraza. Como no llevaba las llaves de dicho cuarto golpeé con el puño la pared y los ruidos cesaron. Habrá que comprobar si por la terraza ha entrado algún animal y si la pared que linda con el 322 está arañada. Por lo demás el paciente se serenó y el resto de la noche transcurrió con normalidad.”
Al día siguiente mandaron al encargado de mantenimiento y también paso su parte que transcribo a continuación.
“He comprobado el salón del piso tercero. No he encontrado ninguna anormalidad. Las puertas de la terraza están cerradas y en la pared no percibimos ningún desperfecto. Únicamente podemos sugerir que, quizás le lleguen sonidos de algún otro lugar pero que el los perciba desde esa pared. Por otra parte, he de comunicar que la alfombra del salón se encuentra en malas condiciones, sufre una mancha parecida a una quemadura en la casi totalidad de la alfombra. He comprobado que no es quemadura.”
La noche siguiente no sonó y paso la noche tranquila, pero por la mañana, al ir la enfermera a darle las pastillas y el desayuno, se encontró las puertas del salón y la del paciente abiertas, a este desmayado en la cama, todas las sábanas revueltas y, curiosamente, el dedo anular cortado.
Bajaron al paciente para hacerle un reconocimiento. Tenía la tensión muy baja y un color cetrino, al hacerle más pruebas confirmaron que había perdido una gran cantidad de sangre. La duda, sobre lo que había pasado, se centraba sobre todo en que el dedo no apareció por ninguna parte y en la cama, a excepción de unas gotas, no había sangre, cuando normalmente, viendo la que había perdido el paciente, tendría que haber una gran cantidad.
Se le hizo una transfusión y le pusieron todos los medios para devolverle la salud posible y, poco a poco se fue recuperando: aunque no volvió a hablar hasta que yo conseguí hipnotizarlo.
Aquella noche el paciente se quedó en las habitaciones de las unidades de cuidados especiales, pero se llamó a una empresa de seguridad para que mandaran a una persona y estuviera toda la noche en la habitación 322.
No se oyeron los arañazos en la pared, pero al día siguiente, si que comentó que había oído ruidos en la habitación contigua y que la puerta de su habitación se había abierto un poco muy lentamente. Se levanto del sillón y se dirigió rápidamente hacia la puerta y el pasillo, no vio nada, aunque le pareció oír un ruido cómo de jadeo en la habitación del salón y, al aproximarse, comentó que se veía luz por debajo de la puerta; aunque al abrirla estaba completamente a oscura y sin nadie ni nada que se moviera, cuando el dio la luz.
A la noche siguiente, uno de los enfermeros también se quedó de guardia y no pasó nada absolutamente.
El problema sobrevino a la siguiente noche.
Comenzó la guardia en la habitación 322 y hasta media noche no se notó nada, pero sobre las tres de la madrugada se oyó un ruido de platos rotos en la cocina que estaba en la planta baja. El enfermero, que se había quedado en la 322 no sintió el ruido, pero una de las enfermeras de guardia subió a pedirle por favor que le diera un vistazo a la cocina y ella se quedó mientras tanto en la habitación.
El enfermero bajó inmediatamente y al llegar a la cocina vio que una ardilla había entrado por una de las salidas de humo tirando unos platos. Pero en ese momento, se escuchó unos gritos desgarradores en el tercer piso, el enfermero subió corriendo y, al llegar a la habitación, no vio nada. La enfermera no estaba, las puertas estaban abiertas, tanto del salón cómo de la habitación. La buscaron por todos partes, pero no dieron con ella y en el momento que escribo estas líneas todavía no hay ninguna pista sobre su paradero. La clínica ha sido revisada palmo a palmo en todos los sitios donde se pudiera esconder un cuerpo, del piso tercero no pudo salir porque se hubieran cruzado con el enfermero, hacia el piso cuarto o quinto tampoco era probable, puesto que todas las habitaciones están cerradas y, si alguien la llevaba, su peso hubiera hecho desfallecer a cualquiera, aparte de que, si no estaba muerta, la muchacha hubiera gritado o hecho algún ruido.
Fue en este momento cuando me llamaron. La policía se había hecho cargo del caso y estaban en un callejón sin salida al no haber cuerpo ni ningún tipo de señal cómo sangre o olores de descomposición, tampoco había ninguna señal caso de haber sido tirada por la ventana, etc... mientras, la 322 estaba cerrada y precintada.
Por recomendación del director, se instalaron unas cámaras en la habitación que capturaba una imagen cada pocos segundos.
Me preparé a hipnotizar al paciente en una habitación en la que estábamos solamente cinco personas. El paciente, sentado, con la mirada ausente, el inspector que llevaba el caso, el director de la clínica, un médico por si le ocurría algo al paciente y yo, por supuesto.
No fue un caso fácil de hipnotizar. Costó mucho, porque al estar como ausente, no escuchaba lo que se le decía, al final, después de una hora larga, comenzaron a cerrarse sus ojos y dijo la primera frase.
-Me escuchas Emilio -le pregunté.
-Si -contesto con su voz tenue y gutural.
-Queremos que nos cuentes que te sucedió la otra noche, pero escúchame bien, tu lo estás viendo, en la cama no estás tu, es otra persona con tus rasgos, es cómo una película, no te excites, a ti no te va a pasar nada porque no eres tu, es una película, pero queremos que nos lo cuentes.
-Si, se lo contaré, pero no me van a creer. Es una película, en la película se dicen muchas mentiras, a lo mejor es mentira.
-Si, eso es, cuéntanos que paso en la película de aquella noche.
-La persona de la cama está medio dormida, la despierta el ruido de la puerta del salón al abrirse. Espero, no, la persona de la película espera ver abrirse su puerta y, a los pocos segundos, pasa. Se va abriendo poco a poco, no se ve a nadie pero, al incorporarse un poco para ver el suelo, se ven unos ojos, y una forma oscura parecida a una persona que tuviera los brazos muy cortos y tuviera que andar reptando por el suelo. Tiene una boca saliente con unos dientes muy agudos, no cómo un lobo, mas bien cómo un tiburón muy pequeño, repta hacia la figura de la cama, el hombre intenta levantarse, pero no puede porque no le funcionan las piernas, intenta gritar pero no sale ningún sonido de su garganta agujereada. La figura llega a la cama y repta subiéndose a ella, se le pone encima y le mira a los ojos, una lengua roja le pasa por la cara, la boca, el cuello. El hombre quiere defenderse, con una mano intenta quitarse de encima aquel aborto del infierno, pero entonces le da un mordisco en la mano cercenándole el dedo. La mano continua dentro de la boca de aquel ser que empieza a absorber la sangre que sale con deleite. Continua sorbiendo hasta que ve que ya no sale sangre. El hombre se ha desmayado. El monstruo se baja de la cama y repta hacia su madriguera, esté donde esté.
-Esto es una tontería -exclamó el inspector.
-Podemos reproducir las fotografías de la cámara por si saliera algo -apunto el gerente.
Saqué al anciano del trance y entró un enfermero para llevárselo de nuevo a la sala de recuperación hasta que estuviera suficientemente bien. Después, trajeron un portátil y la memoria de la cámara. El programa comenzó a reproducir las imágenes a la velocidad que le proporcionaban los espacios entre las fotografías. El día entero transcurrió en poco mas de media hora y enseguida, llegó la noche en la pantalla a la habitación 322.
Aproximadamente a las tres de la mañana de la cámara, vimos cómo la puerta se abría lentamente. Por un rato no sucedió nada, después una especie de sombra, con unos ojos rojos y una lengua que le salía de la boca como a las serpientes, penetró en la habitación. Parecía reptar, pero se arrastraba con unos brazos y piernas muy cortos y miraba hacia los lados, al tiempo que lamía el aire con sus lengua bífida. De pronto otra sombra apareció detrás de ella y luego otra. Al ver que en la habitación no había nadie parecieron sentirse frustrados y salieron nuevamente.
-¡Santo cielo! -dijo el inspector- ¿Qué abortos son esas criaturas y de donde vienen?
-Solo pueden salir del salón que hay al lado de la 211, es donde se escuchaban los sonidos cada noche -aclaró el director con un hilo de voz.
-Pues esta noche nos quedaremos en ese salón dos hombres y yo. Veremos que sucede.
-A mi también me gustaría estar -dijo el director- este asunto ha de ser solucionado porque es mucho lo que nos jugamos con este problema en la clínica.
-De acuerdo, y usted también puede estar -dijo dirigiéndose a mi- lo que está claro es que, caso de que veamos a estos animales, o lo que sea, ustedes se pongan lo más lejos posible y, desde luego, fuera de la línea de tiro, porque sea lo que sea, si aparecen, los mataremos.
-Perfectamente inspector, le prometemos que no molestaremos en absoluto -dijimos.
El resto del día estuvimos cada uno en nuestro trabajo, el director y yo comimos en el pueblo y como no podía ser de otra manera, estuvimos hablando sobre el tema.
-¿Qué opina usted? -preguntó.
-No tengo la más remota idea, no conozco ningún animal que se parezca a lo que hemos visto ni recuerdo ninguno parecido. La cabeza y las manos, a pesar de no verse bien, son evidentemente muy parecidos a nosotros. La boca difiere totalmente, es más alargada, y los labios parecen poder retraerse como en algunos escualos. Los brazos y piernas son muy cortos, les impiden andar erguidos y se desplazan de esa manera peculiar que parece cómo si reptaran. No me he fijado si tenían cola o no pero, evidentemente, deben de tener una gran fuerza por los músculos que se les tensan en las extremidades.
-¿Y de donde le parece que han salido?
-Pienso que deben de ser alguna mutación genética y entran en la habitación por la terraza de ese cuarto. No me pregunte cómo abren la puerta porque, desde luego, no tengo la más mínima idea.
-Yo le confesaré que la camisa no me llega al cuerpo de miedo que tengo. Pero es muy importante el solucionar este asunto. Quiero estar presente cuando aparezcan para poder tomar medidas y, si vemos que vienen desde el bosque, organizar una batida para acabar con ellos.
-Supongo que esta noche saldremos de dudas -contesté-, si aparecen, desde luego.
Y la comida transcurrió sin mas incidentes.
A las diez de la noche ya estábamos en el salón. El inspector, dos policías, el director, y yo. En la habitación 322 también puso dos policías. Todos estaban suficientemente armados.
La noche fue transcurriendo con los nervios en tensión. De la cocina nos subieron unos bocadillos, varios termos con café, otro con te y algunas bebidas refrescantes.
Nada transcurrió hasta las tres y media de la mañana. En ese momento, y a la altura de la cristalera que daba a la terraza, pareció cómo si el vidrio se derritiera, se fue ensanchando poco a poco, hasta ser casi toda la pared. Despedía un resplandor azulado y fue cambiando, se fueron definiendo algunas cosa y, dejamos de ver los árboles del bosque cercano. Como en una pantalla de televisión empezaron a perfilarse otros árboles, otros colores, otro paisaje.
Todos mirábamos embobados la formación de la puerta cuando de pronto, saltando desde el otro mundo, entró la criatura que esperábamos. Al vernos se quedó parada solo un instante pero, antes de que levantaran sus armas los policías, había saltado sobre uno de ellos, y cerró las mandíbulas sobre su cabeza.
La boca, para morder, habían adquirido una dimensión considerable y, con una fuerza enorme, volvió a desaparecer con su presa, por aquella puerta, a un mundo de horror.
Mientras, el inspector y el otro agente empezaron a disparar contra algo que ya no veían, pues el animal y su presa, no tardaron más de un segundo en fundirse con la maleza que veíamos al otro lado, en aquel mundo desconocido. En ese momento dos nuevas fieras saltaron desde el otro mundo, una, de un salto enorme derribó al director, la otra quedó a las puertas de donde había venido, mirando con aquellos ojos terribles a los cuatro humanos que quedábamos en la habitación.
El inspector empezó a disparar sobre la bestia que, en ese momento, destrozaba la cara del director, y el policía dirigió su fusil contra el otro animal.
Pero en ese momento la puerta, o lo que fuera, comenzó a desvanecerse y el monstruo saltó directamente hacia su mundo, el otro, entretenido con el director, y tal vez herido por las balas, no pudo regresar, dejó al cuerpo, ya cadáver, del desdichado director e intentó también regresar, pero la puerta ya había desparecido y al saltar, rompió los cristales de las puertas de la terraza, calló rodando por el piso y desde ella, saltó al bosque.
Epílogo.
Han transcurrido cinco años. No he sabido nada más de aquella fiera. Tal vez haya muerto, tal vez sea alguno de esos cadáveres que, de vez en cuando, aparecen sin que se sepa que son. Tal vez se haya reproducido y actualmente se le llame Chupacabras o cualquier otra cosa.
El inspector montó en aquella habitación un grupo de policías, prestos a disparar, durante un tiempo. Que yo sepa, el fenómeno no se repitió.
Tampoco se, ni quiero saberlo, que pondría en el parte el inspector. Supongo que diría que algún animal, una manada de lobos trepadores, o un gorila escapado de un circo, habían cometido los crímenes.
Le sería algo difícil explicar porqué no había cadáveres. En fin, eso sería otra historia y yo solo he escrito esto para no olvidar todos los detalles.
Quizás sea publicado sin mi nombre ni el de la clínica, pero solo será creído por los personajes que intervenimos.
Conclusión.
Desde luego este es un caso de puerta entre dimensiones.
Con el tiempo, y después de estudiar muchos casos, hemos llegado a la conclusión de que cuando el sol se encuentra en la posición contraria a alguna estrella, o agujero negro, o no sabemos que, las fuerzas de los dos objetos se juntan y en el lado más alejado del sol puede, en sitios impredecibles y en momentos siempre hacia la media noche, abrirse una puerta. Comienza débil y por poco tiempo, llega a su cenit a los pocos días y luego, se va acortando el tiempo en que está abierta, y desaparece. No siempre es así, hay veces que solo pasa una vez, pero nunca hemos visto nada que dure mas de una semana.
Es inútil darle documentación al estado, o la policía o a otras fuerzas del orden. No nos creerían. Pero nosotros vemos continuamente desaparecer personas y, suponemos, que una parte de ellas habrán acabado en las fauces de aquellos animales semi-humanos.
Por esta razón, si estás leyendo estas líneas, si notas ruidos extraños, asegúrate de que son los crujidos de los muebles, o un ratón tirando platos en la alhacena, porque también es posible que, esta misma noche, tengas una pequeña puerta abierta a ese mundo de horror cerca de ti. Pero sigue soñando aunque, a lo mejor, con la verdad, te engaño.
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