El ser
El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. Albert Einstein  (1879-1955) Cientifico
Prólogo
AmistadEn las poblaciones cercanas a Valencia, hay muchas urbanizaciones que acogen a los ciudadanos que salen huyendo de la gran ciudad. Para unos es su domicilio permanente, para otros es un descanso semanal del ruido y estrés generado en la urbe.

En una de ellas vivía el profesor Manuel Durán, físico muy nombrado en su tiempo, pero que al jubilarse a la edad de 69 años se había aislado en un chalet enorme en la urbanización Pins D’Estiu.

Al poco tiempo de retirarse tuvo un accidente en el que perdió una gran parte de la movilidad de sus piernas, podía vestirse, hacer sus necesidades e inclusive ducharse, pero siempre ayudado por un andador, el resto del tiempo lo pasaba en su silla de ruedas. Sus contactos con el exterior eran pocos y distantes; visitas recibía muy pocas a excepción de su amigo Lorenzo, una mujer muy mayor que le hacía la limpieza y la comida y un sobrino que le visitaba un par de veces por semana.

Gracias a este sobrino, no fue más grave su accidente al caerse por las escaleras. Desde entonces el profesor le tuvo en gran estima. Era el único hijo de su hermana pequeña a la que él adoró. Lamentablemente hacía cinco años que había muerto, unos decían que de un ataque al corazón y las malas lenguas que desesperada por los disgustos que le daba su hijo. Por esta razón el profesor estuvo desde entonces muy distante con su sobrino, hasta que se dio cuenta de que no era tan mala persona cuando empezó a visitarlo, y después reconoció que dedicó mucho esfuerzo a su rehabilitación.

El profesor, hombre parco y retraído, jamás se casó y a lo largo de su vida acumuló una gran fortuna, no solo por su trabajo, también fue engrosada por muchos premios y seis o siete patentes que habían generado una apreciable cantidad de dinero.

Con parte de ella, que no la disminuyó en gran cosa, montó en su casa un laboratorio, en el que seguía incansable buscado algo que, a excepción de su gran amigo Lorenzo, nadie conocía.

Lorenzo, a su vez, era amigo nuestro y, después de los acontecimientos que narraremos, consintió en darnos algunas de las anotaciones hechas por el profesor, después de prometerle que, bajo ningún concepto, desvelaríamos ni su secreto ni su identidad. Así pues, los nombres y lugares son inventados, pero la historia es totalmente cierta.

La primera parte son las anotaciones del profesor Durán, la siguiente es el relato de Lorenzo que fue testigo indirecto.

Pasamos pues, sin más dilación a contaros este otro caso que estamos seguros que os agradará.

Nota: Evitamos poner las fechas y la hora para no hacerlo demasiado extenso.

Escrito en su diario por el profesor Durán.

Hace ya unos años que me alejé de la docencia y no tengo demasiado contacto con la universidad. Mis experimentos de física desde hace ya mucho tiempo, han estado encaminados a la posibilidad de que pudiéramos comunicarnos con otros mundos, dimensiones o universos paralelos.

Hará un año que desistí, porque, ni con todo el dinero de una nación podría generarse la enorme cantidad de energía que se necesitaría, simplemente para probarlo.

Pero esto cambió hace unos meses. De repente me di cuenta de que, lo que fallaba era el modo; no era posible probarlo con los métodos que había estado intentando hasta ese momento.

Al tomar un camino totalmente distinto, vi que solamente con mis conocimientos era inútil el continuar. Por lo tanto me dediqué a, sin decir el motivo, preguntar a mis colegas sobre otras materias, los datos que a mi se me escapaban.

Necesitaba saber en qué fechas el Sol estaba alineado de un cierto modo con alguna estrella muy activa. También, si había algún agujero negro, estrella de neutrones, etc...que pudieran cumplir una teoría que rondaba por mi cabeza. Necesité hacer muchas consultas, mis colegas se extrañaron y pensaron que estaba ya fuera de mis casillas, pero tenía razón. Puedo escribir para mí, dejando constancia del hecho, que lo he conseguido.

La cosa era más sencilla de lo que parecía. Nosotros no podemos generar la enorme energía necesaria, tampoco podemos calentar el mundo entero, ni levantar el mar con las mareas, pero hemos aprendido a aprovecharnos de la energía del sol y de la fuerza de gravedad de la Luna.

Las pruebas tenía que hacerlas tomando en cuenta varias cosas.

Primera: Tenían que ser a media noche, cuando el sol estuviera en el otro lado de la tierra. La energía que yo necesitaba rodearía la tierra y se juntaría en la parte que coincidiera con una línea imaginaria que, desde el Sol, atravesara la tierra. Se necesitaron muchos cálculos para saber cuando estaríamos en unas condiciones, lo más aproximadas, a las ideales.

La segunda: Que siguiendo la misma recta, pudiéramos recibir esa energía de otra estrella o fuente de energía dimensional, cómo yo la había bautizado.

La tercera y más importante: solo serviría si alguna civilización, mucho más avanzada que nosotros, lograra captar nuestras señales, puesto que nosotros no podríamos, ni en sueños, tener todavía la capacidad de abrir una puerta.

Yo nunca publicaré esto. Cuando muera queda al buen entendimiento de mi amigo Lorenzo el darlo a conocer a personas que lo valoren en lo que vale, y no mencionen mi nombre si hay algo que pudiera manchar, de algún modo, mi buen nombre o mi capacidad de raciocinio. También guardará mis notas en lugar seguro y todas las grabaciones de la cámara. Para ello le dejo un sobre con todos los códigos de seguridad.

Tal día de tal mes puse en marcha el aparato. Nada sucedió. Lo estuve poniendo todas las noches mientras las condiciones eran las favorables.

Una semana después, en el momento justo que desenchufaba la máquina, noté una especie de vibración en una de las paredes de mi laboratorio. Poco a poco parecía volverse acuosa, volverse transparente, difuminarse y distinguí una figura que poco a poco se fue haciendo más nítida.

El corazón empezó a irme cómo un caballo desbocado. ¿Qué pasaba? ¿Qué había hecho? ¿Qué podía pasar?

Un ser muy extraño salió de aquella especie de niebla. Tenía nuestra estatura pero no se nos parecía en nada. Llevaba una especie de traje plateado, era delgado hasta la exageración, una cabeza enorme en la que unos ojos sin parpados parecían taladrarme con su mirada. Esos ojos ocupaban buena parte de la cabeza, la boca era minúscula, no le vi orejas y el cráneo parecía sostenerse gracias al traje, los brazos eran cortos pero sus manos tenían, ellas solas, la misma longitud que ellos. Se distinguían dos piernas, pero no eran piernas, era algo que se parecía más a raíces.

En este punto, la cabeza me daba vueltas, las manos se me agarrotaron a los brazos de mi silla de ruedas y, solo con un gran esfuerzo y mentalizándome en que no había ningún peligro y nada que me indicara que aquel ser tuviera intenciones de atacarme, y viendo el enorme avance que podría suponer el poder tener contacto con otros mundos, se transformó poco a poco el miedo en curiosidad y el nerviosismo en interés.

El ser me miró con la misma curiosidad con que yo le miraba. Se quedó quieto unos pasos afuera de la puerta dimensional, y estuvo durante unos instantes totalmente estático. Después pensé que actuaba parecido a cómo hacen los expertos en animales; cuando se encuentran con un perro o cualquier otro animal que está nervioso, y quieren tranquilizarlo. Al poco levantó aquella enormes y terribles manos y me mostró durante un minuto sus palmas. Entonces me di cuenta de que era un mensaje, por lo que yo también hice lo mismo con mis manos. Luego se llevó la mano derecha a la cabeza y la otra al lugar que en nosotros ocupa el estómago. Yo hice lo propio. Dio otro paso, aunque fue más bien un deslizamiento, hacia mí. En el traje llevaba unos extraños objetos parecidos a teléfonos móviles. Cogió uno, lo dejó en la mesa hizo el gesto de tocarlo mientras me miraba, después se señaló con un dedo. Desde luego era una señal indiscutible de que pulsando o rozando aquel objeto podría comunicarme con el, o llamarlo, o verlo. No sabía entonces la maravilla de aquel aparato y la amistad que me uniría durante una semana con aquel extraño ser.

Pensando que pudiera ser un regalo, yo le alargué mi Ebook. Lo puse sobre la mesa y pulse para que salieran en la pantalla alguna de las películas que mi sobrino había puesto en el. Lógicamente era más fácil enseñarle imágenes que libros que, de momento, no podría entender, ni tan siquiera suponer, que es lo que eran ni para que servían.

Para demostrarme su utilidad, me indicó por gestos que entraba en la puerta dimensional, luego pasó la mano por el aparato e hizo cómo que salía de la puerta. Yo asentí indicándole que había comprendido. No sé cómo, pero me entendió.

Poco a poco conseguimos comunicarnos. El pequeño aparato era una autentica maravilla: proyectaba imágenes tridimensionales con las que me fue mostrando de donde venía. Es una lástima que yo no sepa gran cosa de astronomía, aunque, de todos modos, creo que no hubiera servido porque no me recordaban a ninguna galaxia ni sistema conocido. Estoy seguro que posiblemente no fueran de esta dimensión, con lo cual era imposible poder conocer el lugar físico donde podía encontrarse su mundo.

Cuando estaba con él me parecía que yo era una especie de salvaje intentando comunicarse con un premio Nobel. Él mostrándome sus conocimientos con aquel maravilloso aparato y yo, frente a la clásica pizarra con el pizarrín. A veces esto me causaba risa y él se mostraba extrañado.

En esta primera ocasión estuvimos casi un par de horas. Después, me indicó que no podía estar más, porque su permanencia en este mundo no podía prolongarse pues pondría en peligro su vida.

Se dirigió a la puerta dimensional, y desapareció cómo había llegado, dejándome en la mesa el pequeño aparato, al que definiré cómo mágico, porque la diferencia entre conocimientos era tan enorme que no se me ocurre otro modo de describirlo.

Pasé el resto de la noche anotando todo lo que me había mostrado. Poco antes del amanecer, el cansancio me venció y me fui a la cama donde tuve un sueño nervioso del que me desperté casi a las cinco de la tarde.

De una cosa estaba seguro. No podía decir nada de esto hasta que el ser me hubiera dado su consentimiento. Conocía demasiado bien el alma humana cómo para poder confiar en el resto de mis camaradas científicos. Algunos comprenderían y serian consecuentes, pero la gran mayoría venderían su alma al diablo para conseguir la información de aquel ser. Otros no dudarían en hacerlo pedazos para ver cómo era por dentro. Y no digamos los militares que, algunos se sentirían atacados, otros querrían aprovecharse para ser más fuertes averiguando que armas poseían en aquel mundo desconocido.

Siempre había tenido la puerta de mi laboratorio cerrada, pero a partir de ese momento le indique a mi asistenta que quedaba totalmente prohibido entrar.

Esperé con impaciencia la noche para que la confluencia de las energías fueran las indicadas; aunque posiblemente la tecnología de aquel mundo no tuviera necesidad de ese condicionante.

Me preparé un montón de preguntas, pensé en la manera de realizarlas y llegado el momento me dirigí al laboratorio, cerré la puerta con otro cerrojo que me habían instalado aquella tarde y me dirigí a la mesa en la que descansaba el aparato “mágico”.

Pasé la mano por encima y comenzó a emitir un precioso color azulado. Poco después, volvió la pared a ponerse de una manera que recordaba las ondas que hace el agua de un estanque al tirar una piedra, y a los pocos minutos, se fue perfilando la imagen de aquel ser, que se deslizó sobre sus raíces hacia mí, me hizo la señal que yo entendía cómo un saludo y yo, a mi vez, le contesté.

Todo lo que pude aprender de aquel ser, de su mundo, de sus conocimientos, están escritos en mis cuadernos de estudios. Aquí solamente voy a anotar las ideas, y otras “conversaciones”, que fueron muy importantes para mí.

Es curioso que dos seres, no solamente de un país distinto, ni tan siquiera un continente, o una raza, y menos de un planeta, puedan llegar a ser amigos.

Lo verdaderamente importante es la cultura, y por cultura no me refiero a religiones o morales distintas, me refiero a CULTURA con mayúsculas. La cultura que da el saber respetarse y cumplir algo muy sencillo, una cosa tan simple que solo basta una frase: NO HAGAS MAL NINGUNO. La cultura no son las normas ancestrales de un pueblo, es más que eso, es el ser incapaces de causar dolor sea persona, animal o cosa. Es el no pensar, ni por un momento, en matar a un animal por deporte y menos por diversión. Es respetarnos entre nosotros cómo primera norma y la siguiente es, sin duda, el ayudarnos.

Este vínculo es el que establecimos el ser y yo. Un respeta entre nosotros al principio, y más tarde, cuando pasamos al siguiente nivel, hacia la cultura de un mundo. En este punto lamento profundamente el haberle ocultado muchas cosas que, estoy seguro, no las hubiera entendido. No le hablé de las guerras, ni de que estábamos destruyendo nuestro planeta, ni de que podemos ser tan estúpidos cómo para pelearnos por ser fanáticos de un equipo, de unos colores o por llamar a Dios de una manera u otra. Era demasiado vergonzoso.

Una noche me preguntó el porqué yo me desplazaba con un aparato si el veía que, en las películas que le mostré, la gente andaba con dos piernas.

Entonces le expliqué que había tenido un accidente, y que el desplazamiento de una vertebra me hacía muy difícil el andar. Podía operarse, pero sería una operación complicada y que, dada mi avanzada edad, los médicos no aconsejaban la operación. Pareció meditar largo rato lo que le decía, después me pidió permiso para pasarme otro de los aparatos que llevaba pegado al traje. Por supuesto la confianza en él era ya absoluta y le di permiso.

Debido a que los elementos de la tabla periódica en todas las partes del universo, e inclusive en realidades distintas, son los mismos, un día estuvimos comparando los signos que nosotros dábamos a cada uno de ellos, también el peso atómico, etc... Inmediatamente después de pasarme el aparato, en la pantalla salió lo que yo ya conocía, que nuestra base es el carbono y que prácticamente estamos compuestos de agua. Luego vimos una imagen en tres dimensiones en la que se veía perfectamente mi columna vertebral, estuvo manipulando (es importante hacer constar que la manipulación no la hacía con los dedos, se ponía una especie de emisor en la cabeza que pasaba órdenes al aparato) los controles, y la imagen se fue ampliando hasta mostrar perfectamente el lugar de mi columna que estaba dañado. Me hizo la señal de que debía de partir, y me indicó que al día siguiente nos veríamos.

Y ese día me dio una alegría inmensa. Me comunicó que habían estudiado nuestra fisiología y que era muy sencillo, y sin ningún peligro, el corregir mi estructura. Solo tenía que confiar en él y, al día siguiente, traería un pequeño dispositivo que, por medio de unas radiaciones desconocidas por nosotros y más parecidas a los imanes que a un micro-ondas, podría, en pocos minutos, desplazar mis vertebras sin peligro. No había que cortar, perforar o manipular en el cuerpo, solamente estar tranquilo tumbado en la mesa, primero desconectaría mí sentido del dolor, colocaría el aparato cerca de mis vértebras, y las radiaciones las pondrían en su lugar y volvería a conectar los sensores de mi cuerpo. A la vez, me indicó que habían comprobado nuestra estructura, sabían cual es nuestro proceso de envejecimiento, y el mismo aparato haría una especie de limpieza que, no prolongaría mi vida eternamente (ellos tampoco la tienen), pero si que podría vivir, sin dolores, quince o veinte años terrestres más.

Por supuesto accedí, pero consideré muy importante poder hablar con las dos personas en las que más confío: mi amigo Lorenzo y mi sobrino.

Podía haberles dado una sorpresa, pero hay que tener en cuenta que yo soy una persona muy conocida en los medios científicos. Mi dolencia la conocen muchos médicos, no es algo que pudiera pasar desapercibido en los medios. Tenía que inventar algo y, cómo mínimo, las personas de mi confianza habían de estar al corriente. Seguramente podría decir que me habían operado en algún país asiático, después de permanecer recluido en mi laboratorio unos cuantos días. Esto era verosímil porque nadie está al corriente de los avances de la medicina en algunos de ellos, y menos se conocen a los cirujanos.

Notas de Lorenzo

Acudí aquel viernes por la tarde a la llamada de mi viejo amigo Manuel Durán.

Llegué temprano, aunque ya estaba su sobrino en el jardín. El profesor estaba muy alegre y, lo que nunca había visto, había hecho que la señora que le cuidaba, preparara una merienda con todas las cosas que, a nuestra edad, ya no se deben comer. Aunque no creo que nos dejara mucho su sobrino, que estaba merendando, cómo dice la expresión, “a dos carrillos”.

-Manuel -le dije- yo creo que no nos debes hacer sufrir más y decirnos cual es el motivo de esta reunión.

-Amigo mío -dijo inclinándose en el sillón y dando una calada a su pipa- ,es el daros una gran noticia que, estoy seguro, que os alegrará.

-Nada nos hará más felices Manolo -le dije sin poder ocultar el entusiasmo- estoy seguro de que es una gran noticia, por la alegría que se te ve.

-No solo es una, son dos, pero antes tenéis que darme vuestra palabra de que nada de lo que aquí hablemos saldrá a la luz, si yo no lo consiento.

-La tienes -dije.

-Por supuesto tío -dijo el sobrino.

-Pues bien, la primera, y más especial para mi, es que me voy a curar.

-¡Manolo! ¡Que estupenda noticia! -le dije- ¡Aclárala! ¡Es maravillosa! ¿Dónde te operan? ¿Correrás algún riesgo? ¿Cuándo va a ser?

-Tío, ¿De verdad puede ser posible esta noticia? -dijo el sobrino.

-Si, me operan esta noche, y mañana podéis venir a verme porque ya estaré curado.

Aquello fue un jarro de agua fría para mí, definitivamente mi amigo había perdido la cabeza. Tanto el sobrino cómo yo, nos miramos en silencio.

-Comprendo vuestras miradas, yo hubiera pensado lo mismo, y cuando escuchéis la siguiente noticia, todavía estaréis más convencidos de que he perdido el juicio.

-Amigos míos -continuó- he conseguido contactar con otro mundo.

Manuel esperó a que la sorpresa nos dejara hablar.

-¿Qué me decís ? -dijo mirándonos fijamente.

-Manolo -le dije- ¿Tu estás seguro?

-Amigo mío, querido sobrino -comenzó- sé que es difícil de entender y conforme lo vaya explicando todavía se os hará más complicado. Pero os juro que es verdad. Voy a comenzar el relato de estos últimos días, ruego que no me interrumpáis hasta que acabe.

A partir de este punto escribo lo que nos dijo mi amigo, haciendo un extracto puesto que lo principal queda aclarado con sus notas.

-Hace poco más de una semana, se dieron las condiciones extraordinarias para que probara un experimento que llevaba preparando desde hacía años. En mis papeles están explicadas todas.

Como según mis cálculos no contaba, ni podría jamás contar, con la suficiente energía cómo para abrir una puerta dimensional, esperé a que las energías del espacio me ayudaran. A pesar de todo seguían siendo totalmente insuficientes para conseguir que, un mismo espacio tiempo de esta dimensión, y el mismo espacio tiempo de otra que ocupara el mismo momento, se juntaran; decidí que lo mejor era empezar intentando mandar simplemente un mensaje. Era una opción posible aunque con todos los números para que no sirviera para nada. Primero tendría que funcionar, segundo tendría que ser captada por otra civilización, tercero tendría que ser una civilización inteligente y cuarto, que tuvieran alguna máquina capaz de captar señales del espacio tiempo de una civilización paralela.

Pero sirvió ¡Ya lo creo que sirvió! En el laboratorio se abrió una puerta temporal y un ser apareció. Al principio me quedé horrorizado, era mucho esperar que un ser de otro mundo, y todavía más, de otra realidad en una dimensión paralela, fuera igual que nosotros. Fue el ser más repugnante que podríais pensar.

Y conseguimos comunicar. Desde entonces se puede decir que nos hemos hecho amigos, cómo comprenderéis no hablamos de mujeres ni de partidas de cartas, ni tan siquiera de cerveza, nuestras conversaciones rondan siempre en torno a la ciencia y el modo de vida de cada uno de los mundos. Yo he mentido, lo confieso, le he dicho muchas cosas buenas de este planeta, pero he callado la podredumbre que nos asola.

Lamentablemente no puede quedarse un tiempo excesivo, cómo mucho ronda un par de horas. Este mundo podría matarlo rápidamente. Viene enfundado en un traje que le permite vivir sin que el oxigeno, que es su principal enemigo, le llegue a su cuerpo. El traje se le pega a las partes descubiertas, cómo la cabeza, las piernas, los brazos y las manos. El resto es una especie de traje plateado; que me recuerda en cierta medida al de los electricistas por llevar también un gran número de pequeños aparatos que le sirven para multitud de cosas. Entre ellos me dejó una especie de buscador que emite una señal que es captada por el. Con ella le indico que estoy dispuesto a recibirlo y no perdemos el tiempo en esperas.

Él ha aprendido mucho de nosotros, y yo apenas logro comprender la enorme cantidad de conocimientos que esta civilización posee.

El pasado jueves me preguntó cual era el motivo de que el resto de personas que había visto en las películas que le he mostrado, fueran con dos piernas y yo, sin embargo, tenía que ir montado en una silla de ruedas. Se lo expliqué y él me propuso traer una máquina que escaneara mi cuerpo y viera cual podía ser la posible solución. Yo le expliqué perfectamente cual era el motivo de mi parálisis parcial. Ayer lo trajo y vi perfectamente en una imagen tridimensional todos mis huesos, nervios, músculos, venas y arterias. Un pequeño aparato que traerá esta noche conseguirá ponerme en su sitio los huesos, arterias, nervios, vasos sanguíneos, etc... sin ninguna consecuencia peligrosa para mi. El único problema es, que será algo doloroso, pero solo durará menos de 15 minutos. Por ello me ha pedido permiso para “desconectarme” las sensaciones dolorosas y yo se lo he dado.

Ya tengo pensado lo que vamos a decir cuando nos pregunten por mi recuperación. Tendré que estar aproximadamente una semana encerrado en casa, para que sea el tiempo mínimo que pueda durar un viaje a Asia, la operación, un par de días de recuperación y la vuelta. Luego es ya cuestión de hacerme el dolorido durante una temporada.

También me ha dicho que el mismo aparato destruirá parte de los productos nocivos acumulados y regenerará en parte un gran puñado de células, con lo que podré rejuvenecer entre diez y quince años terrestres. ¡Y bien!, ¿Qué me decís amigos?

¿Qué podíamos decir? La sorpresa nos había dejado sin habla, parecía que era realidad, que no estaba loco. ¿Quién podría inventarse una historia tan fantástica?

-No se que decirte -le dije por fin-, si cualquiera que no fueras tu me lo hubiera contado, pensaría que estaba mal de la cabeza, pero tu, tú eres capaz de haber creado el aparato y haberlo conseguido, eres, sin lugar a dudas, la mente más perfecta de principios del siglo 21. Te ayudaré en todo lo que pueda, me tienes a tu disposición.

-No, amigo mío -me dijo- se que lo harías, pero este fin de semana necesito que se quede mi sobrino. A él no le espera nadie y yo he dado permiso a mi asistenta, para tener la casa entera para mi. Si todo funciona, cómo estoy seguro, en un rato estaré con movilidad total en las piernas, pero he de tener en cuenta que los músculos están paralizados durante mucho tiempo, con lo que es posible que me cueste un poco desplazarme. Por esto necesito que se quede mi sobrino. No podrá estar con nosotros, porque no le he comentado nada a este ser y nunca me ha gustado tener a nadie en mi laboratorio. Todo este tiempo estaré solo, y cuando haya acabado y el ser haya regresado a su mundo por hoy, ya saldré. La asistenta ha dejado suficiente comida, solamente será cuestión de estar conmigo hasta que yo vea que me valgo perfectamente. Solo falta que mi sobrino esté conforme.

-Por supuesto, tío -dijo el muchacho.

Todavía continuamos un par de horas hablando de las cosas que había aprendido, del método que empleaba para comunicarse, de los aparatos que llevaba el ser. Le preguntamos porqué no le había puesto nombre o si se lo había dicho, y nos dijo que creía que eran mudos, nunca había hecho ningún ruido, aunque también era posible que, al tener el traje apegado a su estructura, no pudiera emitir ningún sonido.

Por fin, salí para mi casa y él se quedó con su sobrino, al que vi francamente aterrorizado, pero no quise decir nada.

Me desperté muy temprano y, estaba arreglándome, cuando sonó el teléfono.

-¡Lorenzo, Lorenzo! -escuché la voz del sobrino de Manolo- ¡Ven urgente a la casa de mi tío! ¡Ha ocurrido una desgracia! ¡Mi tío ha muerto, lo ha matado el ser!

Terminé de vestirme a toda prisa y salí con mi coche para la urbanización. No podía creerme lo que me había dicho. El solo pensamiento de haber perdido a mi amigo, y el sentir que había muerto en un día que el pensaba que iba a ser tan feliz, me aterraba.

Llegué en menos de quince minutos, la casa era un hervidero de gente. Policías, guardia civil, una ambulancia y algunos médicos entraban y salían constantemente. Algo más alejado había un grupo de personas con cámaras, que estaba claro eran de la prensa.

Me estaban esperando y me hicieron pasar al comedor. En una silla, llorando, el sobrino con los codos en la mesa y las manos en la cabeza.

-¡Lorenzo! -exclamó al verme- ¡Por el amor de Dios, diles que es verdad que mi tío iba a estar con un alienígena! ¡Lo ha matado, Lorenzo! Yo, al oír los gritos de mi tío he entrado con su escopeta y he matado al ser, pero ya no está, solo está el traje y ya había matado a mi tío.

Uno de los inspectores me hizo una señal para que me aproximara.

-¿Conoce usted a este muchacho? -preguntó.

-Si -contesté- es sobrino de mi amigo Manuel Durán.

-¿Sabe usted si es esquizofrénico o padece alguna enfermedad mental?

-No tengo idea, pero me parece que no. ¿Qué ha pasado?

-Hace poco más de una hora -me contó el inspector- recibimos una llamada de esta persona. Nos decía que un alienígena había matado a su tío y que el había matado al alienígena. Temiéndonos que hubiera habido alguna desgracia real, mandamos a una unidad que se presentó y constató que una persona, que luego supimos que era el profesor Durán, había sido asesinada con una aguja hipodérmica clavada en el corazón. El muchacho no paraba de decir que había sido un alienígena, naturalmente no le creímos, pero es que tampoco había nadie en el laboratorio, y lo que él decía que era una alienígena, no era más que un montón de ropa plateada cubierta de polvo. Me parece que está cómo una cabra.

-¡Lorenzo, Lorenzo! -gritaba el chico- ¡Diles que es verdad, diles que mi tío esperaba a un alienígena!

Iba ya a comentarles que, efectivamente, mi amigo nos había dicho que esperaba a un ser no terrestre, pero era absolutamente seguro que no me creerían y, de repente, me acordé que mi amigo siempre tenía una cámara funcionando en el laboratorio. A menudo le había preguntado cual era su función si estaba solo y todo lo anotaba. Me dijo que sus experimentos no eran normales y que, muchas veces, tenía que consultarlas para ver donde se había equivocado o para un control de tiempos reales.

-Inspector -le dije- mi amigo tenía siempre una cámara conectada cuando estaba en el laboratorio. Lo mejor sería que viéramos exactamente lo que pasó.

-Usted sabe cómo funciona -preguntó.

-Si, se maneja desde aquí, en el comedor, y se ve en la televisión. El ordenador aquel recibe las imágenes y las graba en el disco interno.

-Vamos pues a verlas -dijo mientras hacía un gesto con la mano a sus subordinados indicándoles que salieran todos- Salgan todos del comedor, solo nos quedamos el señor Lorenzo y yo.

Me dirigí al ordenador, puse en marcha la televisión y, después de parar la grabación, la retrocedí hasta que me indicó que comenzaban las imágenes de aquella noche.

Empezaban con la entrada de mi amigo Manuel en el laboratorio. La cámara enfocaba la mesa y al fondo, la puerta de entrada. Lorenzo no la cerró por previsión de no encontrarse con ánimos después para abrirlas.

Pulsó el aparato de llamada y con muchísimo esfuerzo se tendió en la cama.

Se vio una especie de destello en un punto fuera de la imagen de cámara y mi amigo se incorporó levemente sonriendo.

En ese momento se abrió la puerta del fondo, entró el sobrino con la escopeta y descerrajó un tiro a algo que estaba hacia donde se notó el destello.

-¿Qué has hecho, maldito? -exclamó mi amigo- ¡Maldito, maldito! ¿Qué pretendes?

-¿Qué que pretendo? ¡Viejo estúpido! Pretendo que mueras, viejo usurero ¿No pudiste matarte cuando te puse el cordel en la escalera? ¿Acaso tienes siete vidas cómo los gatos? Aun soy joven, se que soy tu heredero y no voy a esperar a ser un viejo achacoso cómo tu para gozar un poco con el dinero que tu no aprovechas. ¿Aun querías vivir más? ¡No lo consentiré! ¡Nada, sea humano o alienígena, podrá impedirme que siendo aun joven, y hasta el fin de mis días, goce con la fortuna que tu no gastarás jamás!

Mientras Manolo intentaba incorporarse y gritaba ¡Maldito, maldito, maldito, aborto del infierno! Con toda seguridad pensaba más en el ser muerto por el canalla de su sobrino, que en su, casi segura, muerte.

Entonces, el sobrino, tomó una jeringuilla con una larga aguja hipodérmica y se la clavó en el corazón.

-¡Muere viejo estúpido, el monstruo te ha matado! -dijo mientras seguía empujando la aguja y removiendo hacia los lados para que causara el mayor daño posible.

Apagué la emisión, paré el ordenador, saqué el pendrive, y se lo alargué al inspector.

A una señal que hizo por la ventana entraron los policías y el sobrino.

- ¡Lorenzo, Lorenzo! ¿Lo has aclarado? ¿Les has dicho que es verdad que vino una alienígena?

-No se de que me hablas -le dije mirándolo con un profundo desprecio- has confundido la novela que quería escribir tu tío con la realidad.

Me fui mientras escuchaba los alaridos del sobrino gritando ¡Mentiroso, mentiroso, fue el alienígena, fue el monstruo, fue el extraterrestre!

Entré en el coche mientras pensaba que, efectivamente, a su tío lo había matado un monstruo de otro mundo, un ser humano no podría proceder como yo había visto.

Epílogo.

Después de mucho meditar he llegado a la conclusión de que, al perforar las postas el traje de aquel ser y tener contacto su cuerpo con el oxígeno terrestre, que es uno de los mayores corrosivos, su cuerpo se descompuso y quedó transformado en aquel polvo fino que cubría su traje.

Cuando terminaron de comprobar todas las pistas y tomaron las fotografías, la casa fue sellada hasta ver quien podrían ser los herederos legítimos. La sorpresa fue mía al enterarme que, según disposición de mi amigo, caso de no ser su sobrino por serle imputado en casos delictivos, yo era el heredero.

Al cabo de unos meses me atreví a entrar en la casa. Me dirigí al sótano, donde está el laboratorio, y me senté en la silla de ruedas. Todavía están los aparatos que trajo el ser y las ropas en el suelo. Podría pulsar el aparato mágico y ver que pasaba pero...

Si vienen, ¿Qué les voy a decir? ¿Qué somos depredadores? ¿Qué no tenemos derecho a gozar de este mundo maravilloso? ¿Qué se nos manipula con extrema facilidad? ¿Qué somos sucios, asesinos y cobardes?

No soy capaz de pasar tanta vergüenza. Voy a comprar una caja fuerte, meteré todo en ella y tiraré la combinación.

Relacionado