Prólogo

Quien no ha tenido que salir de su tierra buscando fortuna no comprende la emoción que sentía Pedro Legal al volver, después de 40 años, a tener delante de sus ojos la calle y la casa donde transcurrió su infancia.
Y ese día había amanecido con esa luz especial que, los que vivimos otra época de nuestra querida Valencia, no conseguimos ver en los tiempos actuales. Pero ese día, como regalo especial para el gran escritor, tuvimos una noche con un suave viento de las montañas que había barrido parte de la polución que nos envenena diariamente. El sol brillaba llenando todo de luz, pero sin ese terrible resplandor que transformaba la calle en un horno y que soportamos el verano que terminamos de dejar atrás. El otoño, a finales de septiembre, se empezaba a abrir camino con suaves toques aunque, seguro que mi amigo Pedro, todavía recordará que cuando eramos niños, en la primavera, nuestra calle se impregnaba de los aromas de los campos cercanos con sus flores de azahar que prometen fértiles cosechas o, sencillamente, con el aroma de la tierra mojada.
Parado en mitad de la calle Pedro extasía sus ojos mirando el viejo edificio que le devuelve la mirada con sus ventanas ajadas y rotas, una fachada sucia de cien años de batallas perdidas contra el tiempo y las plantas bajas tapiadas para evitar que entraran gentes indeseables que nunca se sabe a los extremos que pueden llegar por la terrible plaga de la droga o sencillamente por el mero deseo de hacer mal o quizás por dar rienda suelta a instintos primitivos.
Mi amigo Pedro, desde que era muy joven, siempre ha tenido la costumbre de plasmar sus emociones y sus vivencias en sus cuadernos, ahora ordenador o tablet para, según el, poder recordarlas tal como las sentía en ese momento. Paquito, me decía, un lugar puedes fotografiarlo, dibujarlo, hacer película, etc...pero una emoción, un sentimiento, has de escribirlo. Ya se que me dirás que lo recordarás, pero no es así. La emoción de cuando conocemos a un primer amor puede verse, con el tiempo, cambiada si esa mujer maravillosa resultó no serlo tanto. Como ves, no escribirías lo mismo, antes que después.
Naturalmente yo que, aparte de amigo de la infancia, tengo especial interés en que todos esos momentos plasmados con su bella prosa e impregnados de sus emociones y pensamientos, no puedan perderse. Esta semana he tenido la inmensa suerte de haberla pasado con el y de haber ido ordenando todo lo que hemos vivido, a veces juntos y otras en nuestras reuniones en las que nos contamos alegrías y tristezas añorando o intentando olvidar, aquellos tiempos pasados o sencillamente ordenando nuestra vida futura.
Y llegado a este punto, dejo de comentar el porque de estos pedazos de vivencias y voy a intentar ponerlos por orden con las palabras de mi mejor amigo Pedro Legal, para sus lectores Piter Lester.