Vivencias de una época

una imagen

El cine Pompeya

Aparte del Ribalta, en mi barrio teníamos el cine Pompeya.

Este era ideal para ver películas de miedo porque se encontraba a pocos metros del cementerio, con lo que ver una película terrorífica por la noche era muy divertido porque cuando salíamos del cine, no se por que razón, la gente tenía ganas de correr los cien metros lisos y todos andábamos muy deprisa para llegar pronto a nuestra casa.

El cine Pompeya era de menor categoría que el Ribalta pero tenía una característica muy peculiar; la general.

Los que tenían más dinero compraban las entradas de butacas, pero a los que no nos alcanzaba, comprábamos las entradas de general, llamadas normalmente entradas de "gallinero" porque en todos los cines era una especie de balcón por encima de las butacas de patío. En el Pompeya no. En el Pompeya eran las tres o cuatro primeras filas del cine y la primera estaba a un metro escaso de la pantalla.

Yo no entiendo ahora como podíamos enterarnos de la película porque, al estar tan cerca y tener que estar mirando hacia arriba todo el rato, cuando los indios malos atacaban a los americanos buenos solamente veíamos los cascos de los caballos y cuando el chico daba un beso de amor a la chica nos daba la sensación de que salíamos "pringados" de las babas del protagonista.

Sin embargo, a pesar de que los espectadores de la general éramos los más pobres, el estar en ella nos daba un cierto aire de superioridad, al menos mientras continuaba la tortícolis y todos andábamos con la cabeza muy levantada mirando las estrellas y procurando que pareciera que éramos una pandilla de orgullosos.

  1. El cine Ribalta.
  2. El gigante.
  3. A las pequeñas, ni me las toquen.
  4. Una historia de bisabuelos.
  5. Trampas en la luz.
  6. ¡Que dolor y que vergüenza!
  7. Lanas Aragón.
  8. El señor Bernardo.
  9. El efecto mariposa.
  10. Juanito Feliz.
  11. El cine Pompeya.

    1. La cantarica de engaño
      Segorbina.

      Este botijo, es una pieza de artesanía única. Y mas única va a ser cuando Teresa González Marín y José Magdalena Santafé decidan que ya no tienen ganas de seguir con la Alfarería La Esperanza, puesto que son ellos los últimos, que sepamos, que todavía realizan esta pieza de artesanía.

      Imaginen un botijo que tiene un montón de pitorros. ¿Por cual beber? Ese es uno de sus engaños. El que no conoce el secreto tiene que decidirse por uno de los pitorros y si no es el correcto pues ... efectivamente, se moja o moja al compañero.

      Este es uno de los engaños, el otro es el sistema de relleno con agua, que se realiza por el fondo y cuando está lleno, se le da la vuelta al botijo y ... !maravilla de maravillas, el agua no se sale!

      No pierdan la ocasión de comprar una de estas piezas pues si no se remedia, cuando esta pareja de maravillosos artesanos lo dejen de hacer, la Cantarica de engaño Segorbina, solo se podrá ver en los museos.

Secciones

Cuentos de Mesxicotet

Vivencias

Anecdotas de un comercial


Secciones

Artículos

Verso y prosa

Libros propios

Historias

Entre amigos


Lea en cualquier lugar y momento nuestras historias y artículos gratuitos escaneando el codigo QR